TAKY SHUGYO


LIMPIEZA DE CUERPO MENTE Y ESPIRITU Es de madrugada, no ha amanecido todavía, es diciembre y en las proximidades del Monasterio donde hemos pernoctado se encuentra la cascada que nos permitirá, gracias a su benevolencia, adentrarnos en sus aguas gélidas.


Va transcurriendo la noche, se hace eterna, la inquietud que tengo por que de comienzo el ritual del Taky Shugyo me hace estar en vela la mayor parte de la noche. Oigo como rompe el silencio nocturno el plañir de la campana Zen del maestro de ceremonias el SENDATSU. Me invade un frío fuera de lo común, evidentemente producto de la afluencia de adrenalina que recorre todo mi cuerpo. Nervioso comienzo a vestirme con un kimono blanco, pureza o mortaja, no lo sé, que intento atarme con un cinturón del mismo color con grandes dificultades pues las manos no cesan de temblar. El SENDATSU por primera vez grita la palabra ZANGE entonándola de forma tan prolongada que parece permanecer en el aire. Conocía ZANGE y sabía que era un mensaje a mi voluntad , "arrepentíos, estáis a tiempo de iros", en aquel momento pensé que era la voz del miedo que me hacia la invitación de desistir, solo el mantra Hannia Shingyo mantra de la sabiduría ocupó mi mente venciendo el momento .


Da comienzo la marcha, camino en fila oyendo una y otra vez la misma palabra ZANGE, ZANGE (arrepentíos), él frio de la mañana es aterrador, cada vez más. Miraba a mi alrededor y la niebla no me permitía ver a mis compañeros, tampoco fue necesario, era suficiente el silencio sepulcral que había para comprender lo que a todos nosotros nos invadía, la incertidumbre por lo que iba acontecer.
Iniciada la marcha hacia la cascada comenzamos a recitar los mantras de la liturgia Budista, el camino se hace eterno, creía que nunca se iba acabar, otra vez el grito desalentador ZANGE . A medida que nos acercábamos a la cascada era más intenso el ruido del agua rompiendo con la madre tierra. Este sonido casi uniforme unido a los mantras se iba haciendo cada vez mas presentes, no podía verla pero sí me llegaba el olor de tierra húmeda.


Los primeros rayos de luz fueron el aviso del comienzo del ritual como el olor del incienso de sándalo que perfumaba todo el lugar. El maestro de ceremonia con el Kongoso o Vajrra objeto que según oriente había caído del cielo hace mil años, con este generador de energía el SENDATSU toca la tierra invocando a los cinco elementos, a los Kamis dios del agua y fuego, a los Buda, a los Tengu y Kijin espíritus protectores de la naturaleza. Tres cubos son los que se hecha el SENDATSU en su hombro izquierdo, su saludo respetuoso a la cascada pidiéndole permiso para entrar, las invocaciones a Buda para que su bondad y compasión la dirija hacia nosotros a Kanon para que su conocimiento nos haga comprender lo que viene, a Fudo Myo para que nos de la fuerza necesaria para soportar el dolor, terminadas las invocaciones el maestro sujeta el Vajrra con sus manos entrelazadas formando el mudra de Rin el mudra de la compasión y entra de espaldas en las aguas gélidas de la cascada.


El tiempo transcurre muy lento en el agua, casi parece que se detiene, este momento no se olvidará jamás pues el agua marca tu espíritu con su pureza, entiendes que nunca hay que oponerse a ella, parece blanda pero cómo mina la roca.


A llegado el momento crucial recibo del Maestro el Vajrra curiosamente es lo único que me da calor, saludo a la cascada entrando de espaldas . El dolor comienza en la cabeza hacia el segundo Chakkra, es un dolor que traspasa todo el cuerpo de arriba a bajo. En ese momento pierdes lo más importante que tienes la respiración, entiendes que tu Hara es el centro de todo y a través de él debes de recuperarla pues sientes perder el conocimiento. A pasado el jadeo, me invade casi la inconsciencia, el agua no me permite ver, quiero salir pero a la vez quedarme, por fin mi interior se relaja e intento recitar el mantra a Fudo "O makusa mandan basaran dan kan" , mi cuerpo deja fluir el agua haciendome uno con ella, invade todo mi cuerpo la calma y en mi mente el vacío mandando la energía positiva al exterior, al mundo, a través de los kiais.


No puedo salir por mi mismo, mis compañeros con sus abrazos sujetan de mí, en ese momento todo lo que me rodea tiene otro sentido, la luz de la mañana hasta me parece diferente, el rubicundo Apolo calienta todo mi ser con sus doradas hebras, mi mente se encuentra más lúcida que nunca me siento limpio de sentimiento y pensamiento, es cuando comprendo que todos somos peregrinos que vamos por el camino de la vida en búsqueda de nuestra propia esencia.


Autor: Jesús García.

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